Archivo del blog

HOY ES:

ESPACIO IMAGINATIVO

VOLAR, SIEMPRE ES BUENO

martes, 10 de agosto de 2010

Cuarto de San Cono - Spala Tomás I.

Tres; Emilio, Franco, y yo. Ya ninguno recordaba su primer día en el cuarto, lo único sabido, era que no duraríamos mucho más. El momento estaba bravo, y a ninguno de los de arriba les convenía que tres subversivos, sucios y pedantes, anduvieran gritando a los cuatro vientos sus ideas revolucionarias, absurdas, justas…
El cuarto era reducido, los tres acostados entrábamos a penas, y no sobraba demasiado espacio. Iluminado por una insignificante ventana, era frío, trágico, agónico, plenamente de piedra; la clara alegoría del presidio.
Matábamos el tiempo charlando, discutiendo un rato; comparando reflexiones. No estábamos seguros de cuan complicado podía llegar a ser el panorama afuera, cualquier noticia, por minima que fuese, nos era privada, y no teníamos medio alguno para burlar la seguridad del cuarto, ponernos al tanto de los acontecimientos. Ocurrente que teniendo en cuenta la situación, todavía tuviésemos tiempo para ideales; aunque sospecho que a esta altura, Emilio y Franco, ya habían perdido cualquier tipo de ilusión; y es que en algún punto llegaba a entenderlos, era nefasto como estos tipos te mataban cualquier tipo de esperanza.
Cada dos semanas, aproximadamente, se nos era permitido asearnos, si es que se le puede dar ese nombre a lo que hacíamos. Un balde con agua y un trapo húmedo no es precisamente la idea de higiene que uno se imagina, pero tomándolo de quien venia, debíamos estar agradecidos, (escribo estas palabras con un dejo de tristeza. Que condiciones inhumanas).Teníamos días de suerte, en los que los guardias, asaltados por ataques de compasión, nos ofrecían de fumar; naturalmente nosotros aceptábamos complacidos, pero luego del acto, reíamos de la paradoja. La existencia dentro del cuarto era menester y vacía, nuestro propósito se arruinaba paulatinamente, y la continuación y conservación del credo se nos dictaba casi inalcanzable.
Y solo nos exigían discurrencia, necios. Desvelo, maldito desvelo. Los gritos continuos y el ruido de botas yendo y viniendo me hacían doler asquerosamente la cabeza, y a veces no podía evitar el imaginarme las situaciones aberrantes que los otros presos debían pasar. A tal punto, que de vez en cuando los pensamientos se transformaban en nauseas; repulsivas nauseas que me sometían y me dominaban. Las sensaciones más crueles se apoderaban de mí. Pero debía ser fuerte, así me lo pedían Emilio y Franco, y no les podía fallar. No tenía esa opción. Cada uno de nosotros necesitaba indispensablemente del otro, y más en los últimos meses; las circunstancias estaban difíciles, y habíamos sido reprendidos (Se llevaron a Franco).
Cuando lo advertimos, el tiempo nos aconteció y cualquier tipo de reacción fue banal; repugnantes sensaciones visearles me acometieron, regurgité. Grite, en vano, y nadie vino, naturalmente, y mi cabeza ya no me perteneció, ni mis extremidades, y ya no vi a Emilio, y ya no vi el cuarto, y como de representaciones me divise cayendo, ya haciéndome a la idea; tal abandono ameritaba represalias, hundimiento racional, golpeado, cruento, y ya grato, aunque desplomado.

2 comentarios:

  1. Lucas ,cada escrito tuyo me sorprende gratamente,creo que al"crecer"afianzas tus ideales,ya sean literales,como comunitarios.
    Nunca abandones tus sueños

    ResponderEliminar

Nombre:




Gracias por dejar tu comentario.