Además, por eso, por esos cabellos de tono violáceo para un daltónico, por las arrugas montañosas; los lentes culo de botella, la atención de la mirada en el aire como si estuviese divisando una hermosa criatura verde, llena de pelos en los dientes. También el andar, ese andar de avestruz, apurado, pasito a pasito, cuerpo a cuerpo - alma a alma -, pisando trajes grises y negros, brazos, piernas con medias hasta las rodillas (esto se lo otorgo al frío, porque hacía frío; los únicos que no lo notaban eran los árboles, que andaban desnudos, y burlones). (Tal vez el hecho de que no sepa cómo seguir mi relato, lo hace más comprensible, lo disfraza de indispensable para esos ojos que no saben ver, para esas palabras que no logran ser sonidos). Pero tambíen está Carlos, está ahí parado: flaco, gris, cristalino; buscando el frasco de conejos, intentando hallar ese perverso recipiente. Creo que faltaba Tito; está acá, entre nosotros. Sus cuatro patas de trébol, se apelmazan en esta atmósfera de cemento; me hecha su mirada negra, repleta de colores, para llamar mi atención, para que comience, otra vez, su banquete: Hijo de puta, conejo hijo de puta.
Los otros están ahí, no salen. Saben que no fue mi culpa, que no quiero acariciar su cuerpo de madera; verla en el momento del máximo goze colmada de sangre, y las pupilas - sus pupilas-, cerrando para siempre. Pero es un deseo incontrolable que escupe mi nariz (bañada de mocos); sólo ver sus orejillas fuera de ese rostro imperfecto (ahora es rojo), me seduce, y aquí apareces. Entras en la escena, como la música perfecta para la imágen detenida, clavada a ahora, a la eterna repetición. Susurras que los mate, que oiga el crujir de sus huesos junto al filo de mi hacha, que me quede paralizado, como en un orgasmo -detenido en el tiempo-, mirándolos indefensos; blanquísimos. Pero Tito se salió, dio un brinco mágico (se esconde entre capas de nubes). Lo voy a agarrar, voy a agarrar a ese conejo hijo de puta, libertino hijo de puta. Como disfrutaría tener su libertad, ese volar en los árboles del jardín, el brinco hacia el otro lado de acá; (porque estoy acá). ¿Dónde?
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
jueves, 12 de agosto de 2010
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