Seguido a las náuseas, el dolor de dos cuerpos putrefactos anhelando ser sentidos. Suspiros de aniquilamiento (confusas telarañas): ganas de morir. La muerte: su belleza idílica, sus piececillos de madera podrida por la espera, su rostro fúnebremente alegre, la sonrisa de esperanza… A cada momento, el aroma se tornaba hediondo, preciosamente hediondo. Y ellos miraban, se miraban, llenos de preguntas, al borde del suicidio, vacíos de respuestas. (Vacíos de órganos, vacíos de amor). La cuerda tendida sobre la cama desecha por un instante (fugaz) de sexo sin prejuicios, sin oscilaciones, desecho de inservibles cuestionamientos. Ella lo había anunciado: había gritado sin escrúpulos que sería el fin, nuestro fin. Confundía su verde cabello con bosques sin pantanos; aguardaba la escena (inundado el suelo), concibiendo el viento más tupido a su paso, causando el inmundo espectáculo, tal como un cuadro, de dos cuerpos agonizantes en la tierra húmeda. El silencio absurdo reinaba entre dos rostros pálidos, entre dos miradas violentas. La luz temblaba de dolor, yéndose.
-¿Cuál destino?
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
martes, 13 de julio de 2010
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