ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
viernes, 30 de julio de 2010
CTALAMOCHITA - Sanchez Lucas
(Cuevas, criaturas se avecinan!). Los árboles tomando su forma de venganza: las ramas actuando su papel de redes sedientas, la textura avejentada por los años, (ahora) formando su rostro bellísimo, y monstruoso. Convergían en un río de espléndidas luces, provenientes del sol de otro plantea; (y yo aquí sentado, aguardando ser devorado). La tarde, se retiraba, ausente, y la luna (dichoso ojo) derramaba escombros de amores que han gozado su estadía en el mundo – éste, aquel-. (Ellos me hablan, oigo su rugir junto al viento). Alteraban la tierra seca, formando pozos inmóviles, infinitos; la neblina levitando (siendo aire), acariciaba las sobrevivientes hojas verdes, púrpuras de niñez. Como en un juego macabro, me inventaba de espaldas (no yo, mi reflejo), dejando que escarben mi piel, introduciéndose lentamente, segundo a segundo, por mi carne sin armadura, oliendo el miedo de mis venas, anhelando nadar, y deleitarse con sangre manchada de tabaco. No sé si les ha gustado, sin embargo, la única porción sana (donde ellos no habitan) de mi piel, comienza a deshilacharse; comienzan a salir pequeñas ramas; me gusta llamarlas ramitas, extremidades independientes, joviales de libertad. El humo, no provoca la dichosa penumbra gris, y deja que ingrese, como una imagen, el blanco de sus ojos inexpresivos; los párpados fatigados, entregándose (una vez más) al vacío. Tampoco sé si vivo. La noción de alojar vida, sí, eso sí. Estar muriendo con vida: muerto en -con- vida, nunca mejor dicho. La vida, cava la fosa (lentamente) dónde yaceré (¿soy eterno?) el resto de otra vida; no la mía. Temo la eternidad. El blanco infinito; (el mantel repleto de hojas muertas). Me pondré mis mejores ropas: zapatos oscuros, con manchas de barro seco, negro; la camisa blanca, soñolienta en un armario, lejos del cielo; el traje gris de mi padre, amedrentado por la muerte presente; y aguardaré que irrumpan mis órganos, que cometan el exilio penetrando mis ojos negros, muertos; los dedos cayéndose, verdes, con moho amarillo, teñido por el pus.
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