-Una alteración de los órdenes naturales.-Interpretó otro, con voz formidable y noble.
-¡Sería espléndido!- Manifestó su majestad, con estrepitosa algarabía. Sus ojos centelleaban, ajenos a las consecuencias.
-¡Concédales, entonces, el poder de la razón!
El silencio reinó unos instantes, luego los susurros fueron inminentes.
-¡No podríamos permitirlo!-Vociferaron algunos; Otros dudaron, enmudecidos, y con cabezas gachas, apretaron los puños.
-Esa es una cualidad muy peligrosa. Profesamos y discutimos atributos que pueden derramarse de nuestras manos.-El anciano, de voz menuda y ronca, posaba en la oscuridad de la sala.
La decisión había sido tomada, y su majestad (un ser enorme), ciego de poder, perfumado con arrogancia y ansiedad, logró órdenes de sus deseos intrínsecos.
-¡Oblíguelos a pensar!-Escupió, ahogándose en carcajadas.
muy bueno! y filosofico... claro!
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