Primero un estruendo, y seguido mi cabeza que estalla contra un cristal, se rompe, se resquebraja, y mis sesos se desparraman tan ordenadamente, como ensayado, trabajado tal vez, porque luego le siguen las carnes, y las entrañas, y todo tipo de tejidos, y es maravilloso, magnífico; arden ¡Que inmensa lluvia de astillas y colores!
Aseguraría que estoy muerto; que cansancio. Ahora en el piso, calmo, el rejunte de tripas, y el charco de sangre. Desde acá logro divisar alguna que otra visera. Cuanto rojo coexistiendo en el mismo espacio físico. Afirmé estarlo, pero, ¿Realmente sucumbí? Que intriga, cuantas dudas me acometen, ¿Será alegre la putrefacción?, ¿Y si no lo es?, ¿Y si, en caso de no ser agradable, es inmunda y repulsiva? Cuanta desconfianza me genera este arte. El arte de morir, claro esta, una obra maestra, ¿no lo cree? Desde ya que lo es, no se engañe, empápese en la idea, deje penetrar la sensación, represente un reloj, uno que le guste, que le sea ameno, y destrócelo. ¿Lo nota? ¿Lo encuentra? Con qué derecho se aflige; imberbe. Cuando advierta mi retorno, solicítenme, con gusto le detallaré su réquiem. Bienvenido…
Aseguraría que estoy muerto; que cansancio. Ahora en el piso, calmo, el rejunte de tripas, y el charco de sangre. Desde acá logro divisar alguna que otra visera. Cuanto rojo coexistiendo en el mismo espacio físico. Afirmé estarlo, pero, ¿Realmente sucumbí? Que intriga, cuantas dudas me acometen, ¿Será alegre la putrefacción?, ¿Y si no lo es?, ¿Y si, en caso de no ser agradable, es inmunda y repulsiva? Cuanta desconfianza me genera este arte. El arte de morir, claro esta, una obra maestra, ¿no lo cree? Desde ya que lo es, no se engañe, empápese en la idea, deje penetrar la sensación, represente un reloj, uno que le guste, que le sea ameno, y destrócelo. ¿Lo nota? ¿Lo encuentra? Con qué derecho se aflige; imberbe. Cuando advierta mi retorno, solicítenme, con gusto le detallaré su réquiem. Bienvenido…
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