Me encuentro cercado por una estructura de letras, palabras de muro gris (hierro frío). Sin embargo, irrumpo el laberinto de los sueños, dispuesto a saber qué.
Oh, qué estúpido fui, porqué escucharlas, porqué reír en no sé qué tiempo, porqué, si todo es irme, caminar con los dedos cortados (la mano haciendo de cadera), y al fin, al fin sentir ese vuelo, poder divisar tal o cual (o qué) cielo negro, llorar junto a las estrellas sin brillo, gritarle al papel: Ya basta!
Más blanco, más y más.
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