Gotas con vida podría decirse; un estornudo. Juan Gómez Azcuenzaga, estornuda gente. Malhumorados, de buen hablar, altos, pelirrojos, con abundantes barbas, pies de codorniz, ojos de tierra: gentes de todo tipo.
Usted y yo estamos de acuerdo que la acción del estornudo, ha de ser un hecho vergonzoso; monstruoso si se quiere. Pero estornudar gente, Juan! Gente. (¿Hay algún Lucas?) Pequeñas comunidades se forman de un repentino estornudo. Y en el invierno (oh invierno!), nacen y nacen a modo de mocos (pero más bien rosados) gentes en multitud. Se crean nuevos mundos, diferentes realidades mocosas. En más de una ocasión, Juan, debió organizar un velorio improvisado por la muerte de alguno al impactar con un suelo rocoso o férreo. Pobre Juan. Luego llega la primavera; personitas (así les gusta llamarlos a él) prematuras muriendo en el aire, sin llegar al suelo. Cada pañuelo, una casa, un alberge. No obstante, no culpemos a Juan por gozar dentro gentes (vos, él, ella…); gentes. Todos tenemos universos, sólo que Juan, bueno Juan… posee el tuyo (el mío, se entiende). Pero existe, sí, existe un obstáculo para nosotros, sus seres alojados – los pueblos -: esos prolongados y negruzcos cabellos en su nariz. A continuación tres sugerencias para combatir dichos pelos:
1 – Esperar el moco más bien acuoso.
2 – Usar ropas ajustadas para el momento del exilio.
3 – ¿Hay tres?
Juan, quiero decirte, queremos decirte: Basta, no queremos vivir en éste mundo; el tuyo, el nuestro. Queremos mo-rir. Morir Juan, mo-rir en sueños de mocos verdes y púrpuras, nadar en orificios nasales eternamente, entre penumbras de sangre viscosa por un golpe o coágulo, pero morir. Logras entenderlo? Déjanos morir, Juancito. Déjanos….
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
martes, 8 de junio de 2010
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Juancito me recuerda a la cotideaneidad de la vida. Viva el Coco Silly.
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