Me inventaba de espaldas, sumergido en la penumbra del lugar. En ese instante, la sentí. Se arrimaba sigilosamente como una sombra en la oscuridad.
-¿Mamá? – Interrogué… Era capaz de oír su intenso jadeo.
Me hallaba inerte, procuraba escapar de la inmovilidad; no lo lograba. A cada instante, la sentía más próxima.
Sus uñas acariciaron mi cuerpo, logré advertir como se hundían en mí; sus manos se trasladaron a mi dorso. Se alojaba dentro mío (a modo de encantamiento). Ella era Yo.
Seguidamente… Desperté
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
jueves, 11 de marzo de 2010
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