Por favor, no abras los ojos, no, de esa manera no podría continuar, y es conveniente que lo haga, mi voz, mi palabra, es lo único que me queda. Te sonrojas, ¿Por qué? Es la verdad. He sido el mejor de los tontos, y moviendo mi cabeza de lado a lado, no logré concebir la parte en su matriz, por eso es que engendro el miedo, avasallado, corroído, en tu ausencia. No engaño a nadie. Te toca mover, estás acorralada, pero no, ya no es lo mismo; las cosas cambiaron. ¿Vas a mover?
Antes, cuando te ausentabas, era diferentes, ayudaba a mamá con sus asuntos, me ocupada de las tareas de la casa. Es una casa muy grande. Aprendí a planchar, a cocer, y hasta me había decidido a anotarme en clases de piano. Siempre me gustó como su sonido te invade, piano, suave. Pero cuando mamá murió aquellas ganas de que todo se encontrara en perfecto estado para tu regreso, comenzaron a oxidarse de a poco, hasta que terminaron por ocultarse detrás de los cadáveres de tu destierro.
Y estoy asustado, América, cada tanto los fantasmas de la desesperación ingresan por mis oídos, llevándose mi atención a lugares que no conozco, e impregnándose en mi médula hasta rasgar en lo más profundo de aquellos filamentos que creíamos no tener, y nos descubrimos indefensos, indagando en las alegorías de la sinestesia, conmocionados, ¡Atentaron contra la voluntad! Y ahora ya está difunta. ¿Te das cuenta? ¿Logras comprenderlo? Es sombrío el accionar de tus fantasmas, América.
Siento que esto acabará por concluirse, si, y lo irreal de tus remanencias estropeadas por el polvo de la distracción ya no saquearán mis ansias, tan solo vencidas por el tiempo y ya prescriptas. Estoy en jaque, y sin alivio.
Esto es y será así, América.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nombre:
Gracias por dejar tu comentario.