De repente, sin previo aviso ni conmoción, las nubes comenzaron a desgarrarse, y sus formas daban el criterio -para una mente sana-, de que aquellas imágenes singulares, eran cogollitos. Y así lo fue. Empezaron a llover cogollitos en ramilletes de ramas multicolores, pero en verdad, en verdad, eran marrones.
El humo de aquella planta, curó mi locura cuerda.
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ResponderEliminarCuanta verdad.
ResponderEliminarCuan diferente sería este lugar.