-Dicen que allí, todo es mejor.- Su voz, lejos de todo sufrimiento, era suave y serena.
-¿Donde?
Allí.- Su dedo, enjuto, señaló el infinito, sobre el horizonte.- ¿Por qué crees que nadie vuelve?
Sueños y libertad, eternos. El comienzo de la verdadera vida...
-La muerte.- Comprendí.
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