-Mi mente, no deja de pensar en ella -Declaré, desconcertado.
-¿Qué es, lo que en verdad te atrae de esa muchacha?- curioseaba el corpulento rostro de un mentor viejo amigo.
Mi mente se proyectó en su aspecto.
-No es, quizá, su apariencia lo que me atrae. Siento un vínculo incorpóreo, proveniente de mi interior. Tú sabes lo que creo…la belleza es un invento.
-Pero hay algo de ella que te seduce. Puedo sentirlo. Si en verdad quieres acercártele debes estar seguro de lo que sientes; debes confiar. – Aconsejó, sereno y sutil.
Debía seguir su consejo. No había que apresurarse. Calma, calma, declaré en silencio.
Cavilé por unos instantes.
Recordaba su efigie. Mi mente esbozaba su imagen en el aire. ¿Qué era, quizá, lo más hermoso de su figura?
-Debes confesarme, ¿Qué es, acaso, lo que verdaderamente te apasiona de aquella mujer?-Nuestras miradas se cruzaron fielmente.
Recordé sus brazos, firmes, blancos. Sus delicados y delgados dedos; sus uñas pintadas con imperfección; su cabello castaño, rizado, descendiendo cautivante hasta acariciar sus hombros, la maravillosa simetría de sus ojos…
Pero tenía algo, algo que ninguna mujer poseía, y era quizá eso lo que la hacía única.
Ella era…
-Se lo que en verdad me atrae de ella; si, en verdad lo se.- En mi mente concebí su cálida imagen, su sonrisa…
-Son sus alas, eso es. Por sobre todas las cosas, me han cautivado sus bellas y extraordinarias alas.
Sólo quién ama vuela.
ResponderEliminarMiguel Hernandez
Que ames y vueles, siempre.
Claudio
que lindo
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