Suspiró un instante. Luego, le suplicó a su dios.
Sus dedos, se estremecieron en penumbras. Sus ojos, húmedos, se ocultaron entre sus párpados.
El joven yacía apartado en un rincón; Su espalda acariciaba la arcaica pared. Sabía lo que le deparaba. La puerta estaba siendo forcejeada. Le quedaba poco tiempo.
Un último golpe derribó la entrada. Entré y lo vi. Allí yacía, sobre un recodo, un esbelto cuerpo, aún con vida.
Con pasos firmes lo aceché entre las sombras. Su mirada se entrelazó con la mía.
-Tú me perteneces.-Aseguré. Mi dedo señaló su rostro, extenuado.
-Puede que me lleves, pero de las ideas…de las ideas se encarga el viento.
Mi mano penetró su pecho. El muchacho, impotente, forcejeó en vano. Poco a poco su alma fue cediendo, adhiriéndose a mi ser.
Su cuerpo, en aquel momento, era idéntico al mío.
Ahora, pertenecía a nosotros.
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
martes, 8 de junio de 2010
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