El tipo de la calle no dejaba de mirarme, de arriba abajo, de abajo hacia arriba, y viceversa, y no paraba y yo me ponía nervioso, y me miraba fijo, el tipo, el de la calle. Se detenía específicamente en mis manos; en mi opinión, no dejaba de ser un curioso. Que se tiene que andar metiendo la gente, en los asuntos de los demás, detestables entrometidos, no me caen para nada bien. Creo que sentía cierto interés en lo que yo traía en mi mano; la derecha, y el asunto ya comenzaba a volverse un tanto tenso. Siempre fui una persona tímida, y no creo que sea un defecto, solo que, quizás, me hubiese gustado ser un poco más extrovertido, tal vez de esta manera hubiese conseguido más cosas en la vida. El tipo continuaba con su observación y hasta me daban ganas de ir a preguntarle que tanto tenía que andar mirándome. A mí y a mi posición, la cual traía en la mano. Pero evidentemente, eso no iba a ocurrir, así que decidí apartarme, solo unos pocos pasos, quizás estaba viendo algo cerca de mi lugar y yo dentro de mi imaginación creí que era a mi a quien miraba; porque es verdad, hay gente que tiene la mirada torcida, o desviada, yo lo se, y a veces uno cree que lo están mirando, pero en realidad no, están mirando algo cerca, como en este caso, pero no, el tipo, el de la calle, que era alto algo calvo, de bigote y con una campera me seguía observando, y no dejaba de ponerme nervioso, y volvía a pensar en ir a preguntarle, a pesar de saber que no lo haría. Realmente sentía la necesidad de preguntarle, ¿en que estaba pensando mientras me miraba? ¿Qué clase de desenfreno sensacional debería estar experimentando durante su observación? Sinceramente, no lo se, y quizás ya en este punto, no tenga el mínimo interés en saberlo. Imaginar este tipo de cosas era uno de mis juegos preferidos, sin duda, pero con dificultad, mi genio me jugaba una mala pasada y me hacia caer en un pozo, oscuro pozo, donde mis pensamientos se tornaban algo sombríos, borrosos, y ya dejaba de ser un juego para pasar a ser algo repleto de hastío, donde la cordura y la condición recreaban un papel principal, distinguido. Resonaban ciertos recuerdos y hasta lloraba. Llanto naif, si los hay. Pero no dejaba de mirarme; el tipo, el de la calle, lo que me originaba una terrible violencia, obligándome a respirar profundamente para no tomar medidas de las que luego podría arrepentirme, pero que si razono detenidamente, nunca llevaría al cabo, soy una persona sensible, que no denota valentía, soy un asustadizo, un mediocre. ¿Cobarde? También. Sin embargo, tengo que tomar una decisión. ‘Valor Andrés, ¡hay que ser hombre, carajo!’ Me dije a mi mismo en pos de evocar algo de coraje animal, como si alguna fuerza extraordinaria me fuese a ocupar, de repente, de nada, nada, todo casual, y todos, todos los impedimentos y contrariedades que en el momento me acometían, fuesen a desvanecerse de manera superflua. Inocente manera de matar el tiempo la mía. Cansado ya de tantas especulaciones entupidas, tomé mi bolso, levante mis pertenencias y me fui; ya estaba cayendo la noche.
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
lunes, 28 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Ay, sos tan bonito. Un amor el cuentito.
ResponderEliminarCerra el orto pelotudo.
ResponderEliminarIs good, is good... i like it...
ResponderEliminar