(..) Sin precipitarme, la luz del sol y de la mañana en mi cara, aprieto el gatillo. El caballo tal vez se sobresalte por la detonación - no demasiado: viene de la guerra-, pero, luego, cuando se serene, paseará un cuerpo, caliente aún, que ya no pertenece a nadie, por la ciudad que ese cuerpo amó.
En esas desveladas noches de la que te hablo, pienso, también, en el intransferible y perpetuo aprendizaje de los revolucionarios: perder, resistir. Perder, resistir. Y resistir. Y no confundir lo real con la verdad. (...)
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
domingo, 23 de mayo de 2010
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