[...]
- ¿También a usted le avisó mi madre que yo vendría?- le pregunté.
- No. Y a propósito, ¿ qué es de tu madre?
- Murió- dije.
- ¿Ya murió?¿Y de qué?
- No supe de qué. Tal vez de tristeza. Suspiraba mucho.
- Eso es malo. Cada suspiro es como un sorbo de vida del que uno se deshace.¿De modo que murió?
- Sí. Quizá usted debió saberlo.
- ¿ Y por qué iba a saberlo? Hace muchos años que no sé nada.
- Entonces ¿cómo es que dio usted conmigo?
- ...
- ¿Está usted viva, Damiana?¡Dígame, Damiana!
- Y me encontré de pronto solo en aquellas calles vacías. Las ventanas de las casas abiertas al cielo, dejando asomar las varas correosas de la yerba. Bardas descarapeladas que enseñaban sus adobes revenidos.
ESPACIO IMAGINATIVO
VOLAR, SIEMPRE ES BUENO
sábado, 24 de abril de 2010
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